En la última semana de agosto, 73 inmigrantes llegaron a la Isla de Tierra: una mini colonia española a pocos metros de la costa de Marruecos en la que no vive nadie. Forma parte de España desde 1560, cuando el sultán Abdalá la cedió a Felipe II, junto dos islotes más,  a cambio de la protección del Imperio Otomano.  España la tiene inutilizada y sólo una bandera ondea en ella. Ni si quiera hay presencia militar permanente, aunque tiene una alambrada alrededor desde el conflicto en 2002 de la Isla Perejil, en el que unos militares marroquíes ocuparon el islote y reivindicaron su pertenencia a marruecos.

El pasado 3 de septiembre, de madrugada, en la oscuridad de la noche, una operación conjunta marroquí-española expulso a los inmigrantes que se encontraban en la isla con la esperanza de que el Gobierno español siguiera los protocolos de la Ley de Extranjería y los llevara a Melilla o a la Peninsula, con el deseo de pedir refugio o de al menos no ser deportados. Sin embargo, la policía española accedió a la isla, los esposó, subió a una zodiac y los dejó a pocos metros de la orilla, donde la gendarmería marroquí les esperaba. Algunos trataron de esconderse en la oscuridad; aquella noche se escucharon gritos desgarradores, según informa el diario El País.  A las pocas horas, los inmigrantes (con la excepción de algunas mujeres y niños) ya habían sido enviados a Oujda, en la frontera con Argelia y abandonados sin dinero ni alimentos.


Lo que sucedió esa noche es un misterio. Algunas ONG han denunciado la forma en la que se llevó a cabo el desalojo y que se engañó a los inmigrantes con la promesa de ir a Melilla, puesto que técnicamente es a donde se les debería haber enviado. Sin embargo se les dejó en manos de gendarmes marroquíes en un proceso de expulsión colectiva contrario al derecho de extranjería, que obliga a llevar a cabo expedientes individuales y a la facilitación de un abogado e intérprete.  Además, la entrega se hizo a sabiendas de que la policía marroquí no trabaja conforme a estándares de derechos humanos y que envía habitualmente a la frontera argelina a los inmigrantes en pésimas condiciones y con maltratos. Todo ello puso de manifiesto que la forma de proceder de las autoridades españolas constituyó un acto más de vulneración de los derechos más básicos de los inmigrantes.















Sin embargo acontecimientos como estos no son algo ocasional: la devolución de inmigrantes a territorio marroquí se hace habitualmente amparándose en un acuerdo bilateral de readmisión de inmigrantes de 1992 y especialmente a partir de la crisis de Melilla en 2005 han sido habituales este tipo de deportaciones en grupo y sin derecho al debido proceso judicial. Por otra parte, el envío de inmigrantes subsaharianos por parte de la policía marroquí a la frontera con Argelia es extremadamente frecuente. Médicos Sin Fronteras atiende continuamente a heridos por agresiones violentas en esta frontera. Allí, en la universidad, viven cientos de inmigrantes ocultos, ya que esta les permite quedarse por razones humanitarias, al ser el único lugar donde la policía no puede entrar.